5.1.12

Humo de tiempo, cenizas que despiertan

César Vallejo




Análisis crítico al poemario España, aparta de mí este cáliz de César Vallejo

“Un libro quedó al borde de su cintura muerta,
un libro retoñaba de su cadáver muerto.”
(IX, 1-2) 

 ENSAYO POR JORGE VALBUENA



Miguel Hernández, gran poeta español que vivió también los terribles acontecimientos de la guerra civil española, exaltaba a César Vallejo con el apelativo de “Gran cóndor de América”, engrandeciendo así su libertad, su canto y su identidad; y no estaba muy alejado de lo que póstumamente llegaría a significar la imponente obra de este poeta peruano para un continente que estaba en proceso de reconocimiento. Para Vallejo América se convertiría en el motivo de su entraña literaria, en el acertijo de sus búsquedas, en su siempre revelada condición de heredero de una lengua y una cultura a la que siempre desafió logrando apropiársela. José Carlos Mariátegui, contemporáneo y coterráneo de Vallejo, también encuentra en él, justo en sus inicios, los primeros indicios de una raza que se identifica en su lenguaje y su diversidad, entre otros puntos de vista que revelan en la presencia de Vallejo un punto de partida y un punto de encuentro. Pertinentes precisiones estas, para abrir el universo de la obra que entraremos a analizar: España, aparta de mí este cáliz, último poemario de Vallejo donde se revela el espíritu de integración histórica y cultural de la humanidad en el marco de una guerra que marcaría, como veremos en este artículo, el destino de esta república y el de nuestro poeta en particular.
César Vallejo a lo largo de su obra mantiene unas búsquedas centrales ligadas al espíritu del ser humano, su condición social y el carácter de renovación del lenguaje con la intención de hacerlo cercano a su entorno. Su última etapa de creación la consagra a la elaboración de uno de sus libros más representativos, Poemas humanos, en el que explora su faceta más cercana a su condición de revolucionario y defensor de las causas sociales. Su obra anterior, Trilce, había significado una gran apuesta hacia la vanguardia y la asimilación de un lenguaje renovador, labor que había causado gran polémica en su entorno literario. Pero es en la creación de Poemas humanos que Vallejo se apropia de una voz que algunos han calificado de profética y otros le han dado el valor de solidaria. La coyuntura social y política que se vive en este momento en España, y su participación en los acontecimientos de la guerra civil  llevan a Vallejo a la creación de un último capítulo para Poemas humanos en el que a manera de himno revela la gesta de los combatientes de esta gesta y anticipa la caída de la esperanza republicana. Capítulo que se convertiría en un libro póstumo, España, aparta de mí este cáliz, llegando a ser revelador para el contexto político del momento y la valoración literaria que se daría posteriormente al considerarlo un conjunto de poemas sin precedentes en Hispanoamérica y uno de los más representativos de la condición humana presente en los difíciles acontecimientos de este conflicto.

I. El poeta saluda al sufrimiento armado

1937, España arde en su vendaval de muerte. La guerra se precipita sobre todo el territorio nacional y el arte empieza a apadrinar su desconsuelo. César Vallejo, poeta peruano escribe tras el humo de las trincheras que lo llevó hasta Francia, esta obra que parece arrancada a su último aliento: España, aparta de mí este cáliz. Obra que se enfoca en la guerra civil española propiciada en julio de 1936 después de la ofensiva impuesta por Franco ante la victoria de los republicanos en las urnas. Guerra que paulatinamente se convertiría en un propósito internacionalista iluminando una gran esperanza hacia la utopía de unidad y la revolución.
La guerra civil española estalló 22 meses antes de la muerte de Vallejo. Para este poeta este conflicto significó no solamente el choque entre dos posturas políticas y militares, sino la apertura a una nueva visión de la construcción social, sentimiento que expresa muy emotivamente en su escrito, Los enunciados populares de la guerra española, que bien podría ser puesto como antesala o prólogo del poemario que en este artículo nos ocupa, ya que en él nos brinda una visión panorámica del enorme sentido de solidaridad que llegó a embargarle durante estos difíciles acontecimientos y la visión colectiva que le otorgan estos hechos. Dice en este documento, refiriéndose a los motivos que impulsaron esta guerra y a su incondicional apoyo:
“Por primera vez, la razón de una guerra cesa de ser una razón de Estado, para ser la expresión, directa e inmediata, del interés del pueblo y de su instinto histórico, manifestados al aire libre y como a boca de jarro. Por primera vez se hace una guerra por voluntad espontánea del pueblo y, por primera vez, en fin, es el pueblo mismo, son los transeúntes y no ya los soldados, quienes sin coerción del estado, sin capitanes, sin espíritu ni organización militares, sin armas ni kepís, corren al encuentro del enemigo y mueren por una causa clara, definida, despojada de nieblas oficiales más o menos inconfesables.”
Estas palabras, producto del espíritu que se asentó en Vallejo durante esta época son un preámbulo integrador de las motivaciones que edificaron el proyecto creativo de España, aparta de mí este cáliz, poemario, como ya se ha dicho, revelador para la situación vivida en España. Se aprecia en ellas una posición solidaria y de apropiación frente a los acontecimientos, en las que reúne la ideología personal sin recaer en planteamientos ortodoxos y panfletarios. Vallejo se adhiere a la postura del humanismo revolucionario donde la poesía es el baluarte primordial de sus convicciones. Vallejo vivió personalmente este momento, sintiéndolo en carne propia, siendo este el motivo central para la creación de este conjunto de poemas. 
Como se puede apreciar en el recorrido cronológico de la guerra, los momentos esenciales puestos en la elaboración de los quince poemas que configuran España, aparta de mí este cáliz, se corresponden con la precisión de su recorrido, hasta culminar en la derrota de este humano propósito, paradójicamente Vallejo muere el 15 de abril de 1938, viernes santo, coincidiendo con algunas de sus profecías puestas en algunos de sus anteriores poemas. Las siguientes son las fechas en las que caen algunos de los pueblos en España durante la guerra civil:
Málaga, 10 de febrero de 1937;
Guernica, 26 de abril de 1937;
Bilbao, 19 de junio de 1937:
Gijón, 19 de octubre de 1937;
Teruel, 14 de diciembre -22 de febrero de 1938.
Fechas estas que se corresponden con la creación de su último poemario y la progresiva agonía de César Vallejo. En esta lucha su poética está íntimamente ligada con los acontecimientos arriba subrayados y sus intenciones humanistas. Lo cual se ve reflejado en la fluidez verbal de estos quince poemas, en los cuales determina un desarrollo minucioso en su composición, centrándose en los postulados de la colectividad evidenciados en el espíritu presente en este momento histórico. Es realmente significativo que Vallejo pronunciara en su lecho de muerte la frase:España, me voy a España”.

II. Desfilando en los sonidos del abrazo

Afirmar que el tema de este poemario lo contiene la guerra civil española sería desconocer su enorme valor universal. Parte de allí, la guerra es su motivo esencial pero más que eso es la imponente organización humana y social que se detalla en este conflicto. En manos de Vallejo es algo más, la identificación con un acontecimiento que le pertenece por la acumulación histórica que representa su palabra. Poeta mestizo, heredero de la voz de la orilla americana y la hibridez que a este proceso corresponde, espíritu solidario que se identifica con el devenir de los propósitos sociales puestos en la realidad de la península. No es gratuita la insistencia de Vallejo al afirmar que España es “madre” de su voz:

“¡Niños del mundo, está
la madre España con su vientre a cuestas;
está nuestra maestra con sus férulas,
está madre y maestra,
cruz y madera, porque os dio la altura,
vértigo y división y suma, niños;
está con ella, padres procesales!” (XV)
España, aparta de mí este cáliz es un poemario escrito durante los últimos meses de 1937, lo componen quince poemas que reúnen la visión humanista y solidaria de la última etapa creativa de Vallejo. Fue publicado en 1939, póstumo a la muerte de su autor. Fue impreso y editado por los soldados del ejército republicano en Cataluña, estuvo en esta primera edición al cuidado de Manuel Altolaguirre quien también editara el año anterior el poemario “España en el corazón” de Pablo Neruda. Su estructura está concebida a la manera análoga al camino de viacrucis. Aunque tiene una importante carga semántica desde el plano político que sostenía la ideología popular de Vallejo, su recorrido se hace desde la valoración principal del lenguaje y la importancia social en el escenario que lo contextualiza.
Los quince poemas se encuentran reunidos, desde su estructura temática, en el siguiente orden:
I. Himno en honor de los milicianos resaltando el carácter utópico de su gesta.
II. Recorrido por las batallas predominantes de la guerra civil.
III. Exaltación del valor simbólico de la guerra reunido en la presencia de Pedro Rojas.
IV. Honor a los desposeídos.  
V. Defensa del combate como referencia a la importancia de la muerte.
VI. Reconocimiento al valor de Pedro Zúñiga.
VII. Combate en Gijón. Reconocimiento de colectividad en la diferenciación del lugar como un todo homogéneo.
VIII. Valoración a la destreza bélica de Ramón Collar.
IX. Acompañamiento al combatiente de Toledo.
X. Acompañamiento al combatiente de Teruel.  
XI. Acompañamiento a un muerto en combate.
XII. Masa. Poema que exalta el poder de la unión configurada en la resurrección de combatiente.
XIII. Oración al complemento divino que acompaña la guerra.
XIV. Profecía en alerta a la república española. 
XV. Apocalipsis. Llamado a los futuros habitantes de España hacia la defensa de sus propósitos, “si cae España”.
Como se puede apreciar en este recorrido, los elementos centrales de cada poema se reúnen con un sistemático interés de simbolizar un carácter sacro. Su eficacia radica en la comparación con el texto bíblico, del génesis que relumbra en el espíritu de la utopía se llega a la advertencia apocalíptica de la derrota del ejército republicano.  Desde el título, que hace analogía a las palabras que Jesucristo pronunció en Getsemaní cuando reclama al padre “Aparta de mí este cáliz”. De esta manera existen continuas alusiones en el poemario que tienen que ver con la condición divina que marcó el evangelio en el choque entre el viejo y el nuevo mundo. Tomo como ejemplo un fragmento de su poema Redoble fúnebre a los escombros de Durango:
“Padre polvo que subes de España,
Dios te salve, libere y corone,
Padre polvo que asciendes del alma.

Padre polvo que subes del fuego,
Dios te salve, te calce y dé un trono,
Padre polvo que estás en los cielos.” (XIII)

También el poema “Masa” evoca la resurrección de Lázaro, controvirtiendo el lenguaje y las escenas bíblicas que componen el imaginario social apropiándose así de un presente que reclama un sentido en el origen:

“Le rodearon millones de individuos,
con un ruego común: «¡Quédate hermano!»
Pero el cadáver ¡ay! siguió muriendo.

Entonces, todos los hombres de la tierra
le rodearon; les vió el cadáver triste, emocionado;
incorporóse lentamente,
abrazó al primer hombre; echóse a andar…”

Entre los antecedentes biográficos de Vallejo encuentro que su infancia estuvo fuertemente marcada por el carácter religioso a nivel familiar, etapa en la que inmiscuido en este discurso planeaba adherirse a la labor apostólica en su lugar de origen. Este puede ser un dato explicativo de esta postura en su poemario, pero si expandimos la óptica hacia un análisis diverso de estas relaciones podemos integrar la concepción mestiza, ya que el poemario se concibe con una voz colectiva desvirtuando el imaginario que concibe el canto en la poesía como una experiencia individual contenida en la visión subjetiva de un solo ser, revelándose así como una voz que recoge un elemento que se acoge a la historia desde el marco del proceso evangelizador de la América aborigen y el destierro de sus componentes cosmológicos, señalando así implícitamente una posición solidaria ante la guerra civil pero también una identificación con los valores de la cultura heredada como un enlace común que define un conjunto de rasgos recíprocos.
La sostenida dialéctica individuo – colectivo presente en este conjunto de poemas es representativa a partir de los enfoques desde los que se pueda analizar esta obra. Su escritura comprometida rebasa los propósitos de la guerra, abre sus alas hacía la condición determinada por el origen, acudiendo a una buscada autenticidad brindada por el lenguaje y la ideología proyectada en el marco del conflicto. De esta forma el poemario escrito por Vallejo se visualiza como un abanico que devela un conjunto de reflexiones como poseedor de una causa conjunta en la que la voz del combatiente pertenece a una sociedad, una historia, como motivo de una búsqueda generada  desde hace largo tiempo, revelada en la hermandad del dolor compartido. En el poema VI -Cortejo tras la toma de Bilbao- Vallejo insiste en este carácter al revelar la mezcla y la condición de conjunto: 

“Guerrero en ambos dolores,
siéntate a oír, acuéstate al pie del palo súbito,
inmediato de tu trono;
voltea;
están las nuevas sábanas, extrañas;
están andando, hermano, están andando.”
El marxismo como ideología aceptada no influye de forma dominante en la construcción de este poemario. Vallejo se muestra como defensor de la autenticidad poética sobre los límites que impone la guerra. Es un poema – testimonio que reúne diversos sentidos. Se dirige al ser humano, a su requerida respuesta en el complejo acertijo que contiene la esperanza, a la unidad que devela la socialización de una causa. Siendo Vallejo el ícono de la vanguardia que sería terreno propicio para las nuevas voces este texto se convierte en la apertura de una poesía solidaria que reconoce las huellas de la historia sin quejarse de sus consecuencias, sino aceptando de forma clara y contundente el valor de sus presupuestos. Es una  voz propia que no admite divisiones, un coro del conjunto que siente las mismas desventuras y busca la reunión de futuros compartidos.

III. La escritura del aire

El lenguaje que configura este poemario es el profético. Vallejo adquiere el carácter de vate a partir de las revelaciones que hace sobre su muerte y la caída del frente republicano en la guerra española. Aunque el poeta toma una distancia de los sucesos vividos de forma personal, devela su análisis sin recurrir al patriotismo de su ideología. Su voz es más amplia, recoge los elementos de la oralidad y el diálogo que han identificado, creando un poemario intemporal que pude estar vigente en cualquier momento de la historia ya que es la condición humana la que se está tejiendo desde los acontecimientos devastadores del conflicto. En algunos de los poemas recurre a la palabra hablada, a la transmisión del sentir común que se posiciona en el uso de un lenguaje liberado, lejano a los parámetros de la normatividad. Uno de los poemas más significativos del uso de este recurso es el III, donde el personaje Pedro Rojas representa el sujeto colectivo y su voz se hace vívida en la escritura:
“Solía escribir con su dedo grande en el aire:
«¡Viban los compañeros! Pedro Rojas»,
de Miranda de Ebro, padre y hombre,
marido y hombre, ferroviario y hombre,
                       padre y más hombre, Pedro y sus dos muertes.”
El uso de la falta ortográfica es fundamental para asumir un carácter de oralidad en esta composición. el primer verso “Solía escribir con su dedo grande en el aire” es una apuesta por la aceptación del lenguaje vívido, desanclándose de la mirada impositiva del libro y el texto escrito. Esta relación implícitamente contiene una respuesta a la histórica masacre de Cajamarca donde muere Atahuallpa después de negar la dominación concebida en la presencia del libro, idea que puede parecer aleatoria y sin fundamentos, pero que en el marco de cosmovisiones que se ponen en juego en este poemario puede contener un acierto en el sentido que se pude encontrar en él.
En España, aparta de mí este cáliz Vallejo utiliza en su lenguaje la combinación de la métrica con el verso libre. Rompe así las concepciones del uso hermético del lenguaje organizado sin desvalorizar la estética del lenguaje no la herencia de la poesía clásica y modernista a la que acuden sus versos en forma de destellos momentáneos. Utiliza así una combinación entre el heptasílabo y el alejandrino, apoyándose también en el recurso del Oxímoron:
“Y llenáis de poderosos débiles el mundo!”(II)
“Herido mortalmente de vida, camarada” (VI)
El uso de palabras simbólicas y concurrentes a lo largo de toda la obra poética de Vallejo determina aquí una atmósfera especial. La palabra Pan que en otros de sus poemas han recurrido al efecto de hambre y desamparo acoge aquí un sentido de solidaridad en el que se entreteje un sentido del compartir. Otras palabras como Humo y Sangre son reveladoras al querer denotar en su lenguaje un sentido cercano a la realidad, buscando un equilibrio que no se ausente de la unidad de vida y contexto. Los periódicos de la época  revelan también una fuerte crudeza en el desarrollo de los acontecimientos de la guerra que Vallejo no deja en la oscuridad de su denuncia.
España, aparta de mí este cáliz es un poemario que no corresponde sólo a una época o a una sola voz. No tiene antecedentes en la literatura hispanoamericana y su revelación se mantiene vigente en nuestra cultura al enlazar el sentir, más allá de los rezagos lingüísticos y las herencias políticas. Determina un espíritu común que se convierte en un ícono para los discursos que en la actualidad insisten en dividir los caracteres de afirmación subjetiva de las dos orillas. Vallejo ha construido un libro que inicia en un momento crítico para la sociedad española que el tiempo ha convertido en una huella perpetua e insistente de los marcos de configuración que nos identifican como raza, lenguaje y sujetos históricos. Pierde también su voz individual, Vallejo se desvanece con el paso del tiempo como creador de este conjunto de poemas dejando subyacer un ser que denuncia el comienzo de la esperanza desde un fin compartido.






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